Entrevista a Miguel Fuentes, profesor jubilado


"He intentado inyectar a los alumnos ilusión por dedicarse a la podología"

JUBILEO

Miguel Fuentes llegó a la facultad como profesor asociado a finales de los años 80, y en ella ha permanecido hasta hoy. Y es que el querido profesor se jubila tras más dos décadas ligado a la docencia. Durante este tiempo, ha inculcado a los alumnos su pasión por la podología y el deporte, desgranando la relación entre ambas disciplinas. Con él hablamos sobre su grata experiencia en nuestro centro y sus retos de futuro.

¿En qué momento decidió dedicarse a la docencia?

La docencia siempre me atrajo, de manera casi innata. Desde hace muchos años existe en mí un deseo de saber, enseñar y expandir los conocimientos que he ido adquiriendo. Todo empezó cuando entré a formar parte de la delegación en Madrid de una asociación bilbaína, el Centro Español de Investigadores del Pie. Estaba constituida por profesionales de la podología con una tendencia muy innovadora. 

Ello coincidió con el cambio legislativo que permitió a la podología ser una carrera universitaria independiente, a finales de los años 80. Gracias a mi labor en la asociación, me llamaron de la Universidad Complutense para ser profesor asociado. Más tarde conseguiría la plaza de titular.

¿Pensó entonces que estaría en la universidad tanto tiempo?

En principio mi idea era combinar mi trabajo en la clínica privada con la universidad. Pronto descubrí que mi pasión era lo segundo y abandoné la clínica.  Ya imaginaba que me gustaría antes de comenzar, pues era una vocación que tenía dentro. Luché mucho por conseguir la plaza fija.

La carrera de Podología ha cambiado mucho estos años. ¿Para bien?

Ha ido evolucionando mucho y para bien, sin duda.  Tenía algo de miedo por si al convertirse en grado se saturase el mercado laboral para los recién titulados. Eso no ha ocurrido y a día de hoy, aunque la situación económica es difícil, los podólogos encuentran trabajo en términos generales. Es una profesión que va a más y el plan Bolonia ha sido el espaldarazo definitivo, ya que ofrece más garantías a la hora de salir al mundo profesional.

¿Qué valores ha intentado inculcar a los alumnos en su etapa como profesor?

Sobre todo la ilusión. Muchos de los que llegan en primero a la facultad lo hacen de rebote, porque no les ha dado la nota para estudiar otra carrera. Intento junto con mis compañeros que los estudiantes tengan verdadera vocación por la podología. Creo que lo hemos conseguido, pues la mayoría de los alumnos están muy satisfechos al acabar sus estudios. Es una profesión que aporta mucha autonomía y disciplina, y me esfuerzo en que los estudiantes lo sepan. 

¿Cómo les inyecta esa ilusión?

Explicándoles lo que aporta la podología a la sociedad. El pie parece una zona muy recóndita en el organismo, pero es muy importante en todos los aspectos de la vida. Especialmente en el mundo del deporte, que ha sido mi campo de actuación.

¿Y de cara al trato con el paciente?

La empatía es algo importante, pero nunca has de ponerte en el lugar del paciente porque no es profesional. Aunque hay que saber escucharle para realizar un buen diagnóstico.

¿Qué más va a echar de menos de trabajar en la Facultad?

La relación y el trato directo con el alumno, sin duda. Echaré en falta el sentirme satisfecho cada día del deber cumplido. También extrañaré a mis compañeros con los que he compartido tna buenos momentos, qué duda cabe.

¿A qué se va a dedicar ahora?

Tengo la ilusión de seguir investigando. Mi labor como docente acaba, peor como investigador no. La ANECA, por desgracia, no reconoce como debería la docencia. Pero es momento de investigar, intentaré publicar en revistas de impacto .

¿Sobre qué quiere investigar?

Me interesa especialmente actualizar todas las referencias bibliográficas en las que se basan los estudios de Podología. Se han quedado anticuadas. Las instituciones de hace tres décadas tenían otros medios, y creo que hay que llevar a cabo una modernización con nuevas técnicas. 

Por Alberto Barranco